Instalado en una alcazaba árabe, edificada sobre un asentamiento romano, este imponente castillo se empezó a construir en el año 1.123 y fue residencia de obispos, cardenales y reyes. Es el enclave apropiado para disfrutar de una villa histórica, cercana a bellísimos espacios naturales.
El tradicional mobiliario castellano se expone con gusto en las amplias y acogedoras habitaciones, algunas con camas con dosel y terraza, auténticos aposentos reales de un palacio que conserva salones señoriales, idóneos para reuniones y celebraciones, y una capilla románica del S. XIII. Entre sus gruesos muros de piedra aparecen el patio empedrado, además del señorial comedor, donde se degustan huevos fritos con migas y torreznos, cabrito lechal al horno, bacalao al queso manchego,…
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