Este fin de semana, nos reunimos con un grupo de amigos que se dedican al mundo del ocio y el tiempo libre. En otros tiempos habíamos organizado juntos varios eventos medievales. Pero desde el último evento habían pasado ya años.
La conversación subió de tono y se llenó de carcajadas cuando rememoramos juntos las anécdotas de aquellos días. Momentos entrañables y en ocasiones llenos de duro trabajo, pero también de reconfortantes resultados.
Sobre la mesa pusimos un caso de estudio que me llevaba rondando la cabeza desde hace tiempo. ¿Podríamos combinar nuestra experiencia con las nuevas ideas para organizar una boda medieval? La respuesta parecía acobardar al más valiente de entre nosotros, pero no hubo lugar para albergar la duda. Los resultados serían excelentes, y nos pusimos manos a la obra.
Hoy, los primeros esbozos del proyecto comienzan a adquirir un cáliz de realidad. Los números cuadran, las personas también. El café aún estaba caliente cuando los primeros resultados comenzaron a asomar tímidamente sobre el papel.
Organizar una boda medieval no es ninguna tontería. Yo mismo me he casado este verano y recuerdo lo importante que fue para mi ese día. Un día en el que nada puede salir mal. De momento nuestro proyecto para ofrecer un boda medieval esta cuadrando, pero aún debemos afinar más, mucho más, para poder pasar del boceto de papel a la organización del evento.


